
Fue entonces, cuando por fin él se atrevió a pronunciarlo, aunque ya fuese demasiado tarde para que ella pudiese oirlo. Siempre andaban de un lugar hacia otro, como dos pajaritos, alegres, inocentes, en fin, ellos. Pero un día ella marchó y todo cambió.
Fue entonces, cuando el chico, tras varios días de meditación, se atrevió a pronunciarlo, aunque ya de nada sirviese. Él corría tras ella bajo la lluvia, que caía sobre sus gafas, dejando entrever las tenues luces de los coches que circulaban por su camino, haciendo si cabe aun mas duro el camino, pero lo que nadie esperaba ocurrió, y él, con sus últimos alientos, lo pronunció ante ella, la cual corría hacia el, a el encuentro. Sus almas se fundieron en un instante tan fugaz como lo que estuvo el chico pronunciándolo, y mientras ella se aferraba a sus últimas gotas de vida, él se fue marchando poco a poco sin saber, que ella pudo oírlo, pudo oír lo mucho que la quería, pudo oír ese "Te quiero" pronunciado con sus últimos alientos